Periodista y fotógrafo

La suerte, una actitud

Hace años, trabajando como becario en una editorial, me movía con frecuencia por Madrid en taxis para asistir a ruedas de prensa. En mis mantenía largas charlas con los conductores. En concreto recuerdo una en la que un taxista, cuando dieron los resultados de la lotería primitiva por la radio, comenzó a narrarme con gran desparpajo todo lo que haría con el dinero del premio.

Lo sorprendente de la cosa es que este hombre había realizado cálculos de una exactitud asombrosa. La primera medida, contaba, que hubiese tomado de haber ganado era abandonar el coche en plena calle, circulábamos por una atestada calle de Alcalá, e invitarme a una mariscada. No pude dejar de troncharme ante esta ocurrencia. Sobre todo teniendo en cuenta que eran como las diez de la mañana, una hora más propia de los churros que de los moluscos.

A este taxista no le había tocado, al menos ese día, la lotería pero lo suyo era casi mejor que si le hubiese tocado pues poseía un don de más valor que el propio premio: la actitud para recibirlo. La suerte, esa diosa que tanto invocamos en momentos de dificultad, no vale gran cosa si cuando la encontramos no sabemos abrirle los brazos para recibirla como se merece. Hay gente a la que de tocarle la lotería pueden acabar destrozando su vida y otros, cuando conocen al amor de su vida, sencillamente no están preparados para recibirlo y lo dejan pasar lamentándose de que no encuentran el amor en ninguna parte.

La suerte, la buena y la mala, nos asalta cada día en los sitios más insospechados pero hay que mimarla, darle confianza para que se acerque plenamente a nosotros y nos cubra de gloria, aunque sea por un rato. Para eso hay que hacer como los niños: abrirnos al mundo sin demasiadas suspicacias, embelesarnos ante un truco de magia sin intentar descubrir donde está la clave de la ilusión, dejarnos llevar.
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2007, el año uno en la era LHC

Si preguntamos a cualquier persona de la calle a que responden las siglas LHC las probabilidades de que alguien responda que son las iniciales de Large Hadron Collider deben de andar en torno a uno por mil. Sin embargo, el gran colisionador de hadrones será una realidad en el año 2007.

Este sistema, que suena a máquina de Star Trek, no es ni más ni menos que el acelerador de partículas más grande del mundo y estará terminado en 2007. Sus efectos, aunque parezca imposible, pueden ser a corto plazo, sí a corto plazo, más increíbles que ninguna de las amenazas que disparan los telediarios.

El LHC es un tunel en forma de circunferencia de 27 kilómetros. La lista de preguntas a las que el proyecto debe dar respuesta es, como mínimo, inquietante:

* ¿Qué es la masa? (Sabemos como medirla ¿pero qué es realmente?)
* ¿Cual es el origen de la masa de las partículas? (En particular, ¿existe el bosón de Higgs?
* ¿Cual es el origen de la masa de los bariones?
* ¿Por qué tienen las partículas elementales diferentes masas? (es decir, ¿interactúan las partículas con un campo de Higgs?
* Sabemos que el 95% de la masa del universo no está hecho de la materia que conocemos. ¿Qué es la materia oscura?
* ¿Existen las particulas supersimétricas?
* ¿Hay dimensiones extras, tal como preciden varios modelos inspirados por la teoría de cuerdas y por qué no podemos percibirlas?
* ¿Hay más violaciones de simetría entre la materia y la antimateria?

Para hacerse una idea de lo que puede el LHC suponer hay que pensar que uno de los experimentos que se van a realizar con él tiene como finalidad atraer a nuestro espacio tridimensional partículas de otras dimensiones ¡Ufff!

Si todo esto os sigue dejando fríos hay que explicar que el sistema tiene sus peligros, dignos de los más delirantes comics de Marvel, pues, citando a Wikipedia: El LHC es un proyecto de tamaño inmenso y una enorme, y potencionalmente peligrosa, tarea de ingeniería. Mientras esté encendido, la energía total almacenada en los imanes es 10 gigajulios y en el haz 725 megajulios. La pérdida de sólo un 10 − 7 en el beam es suficiente para iniciar un "quench" (un fenómeno cuántico en el que una parte del superconductor puede perder la superconductividad). En este momento, toda la energía del beam puede disiparse en ese punto, lo que es equivalente a una explosión. El 25 de octubre del 2005, un técnico murió en un accidente en el túnel del LHC cuando una carga cayó sobre él accidentalmente.

Si alguien desea echar un vistazo a las fauces del monstruo aquí hay un recreación tridimensional (requiere Quicktime).

Enlace a la web de LHC.
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Estrella distante


Carlos Weider.

El paganismo tiene un nombre: Carlos Weider. Son doce letras que articulan la belleza insoportable de la locura, la que invocamos cuando la noche está oscura de nombres. Todos los ojos pueden ser los ojos de Carlos Weider, pero no todas las miradas. Cuando Weider mira a través de unos ojos nos atemoriza, y seduce, el encontrarnos con una de nuestras miradas, la mirada de cuando añoramos los mares, las montañas y los cielos primigéneos.

Cuando Carlos Weider se acerca a un niño este huye de él como de las sombras de una escalera, cuando Carlos Weider se encuentra con un loco ambos se rechazan, como un perro y un lobo que comprenden que son el mismo ser.

Las manos de Carlos Weider son frías, inteligentes y sorprendentemente generosas pues Carlos Weider es generoso. Su generosidad es la de un salvaje enfermo, que hiere pero no ingiere. No es sólo una bestia Carlos Weider, es una mala bestia pues precisa del asesinato sin necesidad y nunca cesan sus ansias de poesía.

Al igual que tras la muerte de Napoleón toda Francia se llenó de emperadores son muchos los falsos Carlos Weider que pueblan el mundo. Simulan a Weider con palabras sobre la sangre pero a Weider nunca le ha importado nunca la carne. La carroña que él devora ni se mide ni se pesa.

Carlos Weider tiene dos nombres y el segundo es pura espesura, innombrable.

Lunes 7, de agosto de 2006.
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No hay nada más moderno

No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino su existencia social la que determina su conciencia.

Contribución a la crítica de la economía política. Karl Marx.

En verdad, la potencia del marxismo está determinada no tanto por que debamos pensar que las investigaciones marxistas han concebido un modelo de convivencia factible aún si no por su inigualable capacidad como herramienta de análisis.

La humanidad será socialista o no será, eso es todo lo que tenemos a día de hoy. Fuera de esa idea sólo hay primitivismo, no hay nada tan retrógrado como la aristocracia moral y estética. Todo pueblo es un pueblo de trabajadores, esta es la única clase no entrópica en nuestro horizonte de sucesos.
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Los hechos son tozudos. Lenin.

Ningún arabe ama el desierto, amamos el agua y los arboles verdes, y en el desierto no hay nada y no hay hombre que no necesite nada ¿o es que nos considera algo con lo que se puede jugar porque somos un pueblo pequeño, un pueblo pobre, voraz, bárbaro y cruel? ¿No sabe usted teniente que en la ciudad de Córdoba habia dos millas de alumbrado en las calles cuando Londres era un villorrio? Lawrence de Arabia.

El símbolo de la resistencia del oprimido en esta guerra tiene un nombre: Katiusha. Tras este nombre ruso de mujer están los misiles que Hizbollah utiliza para bombardear Israel. La historia de estas armas es verdaderamente interesante.

Los Katiusha fueron utilizados por primera vez por la Union Soviética en 1941 en Stalingrado y se convirtieron en una de las armas más temidas por los nazis. Los Katiusha pueden ser lanzados desde prácticamente cualquier vehículo y su efecto es tremendamente desalentador en el enemigo debido a la potencia del disparo y a la velocidad con la que pueden ser lanzados, tal es así que incluso aún hoy son temidos en los campos de batalla.

De alguna forma los Katiusha fueron definitivos en la primera derrota de las tropas alemanas en la Segunda Guerra mundial, cuando los soviéticos descubrieron que más hayá de la potencia del armamento y de la estrategia matemática de la guerra todo conflicto en verdad es un estado de ánimo. Precisamente, los Katiusha, más allá de su poder destructivo, son letales en este conflicto no tanto por su poder destructivo, el armamento israelí es mucho más sofisticado, si no por su efecto desmoralizador. Precisamente, ese es el gran peligro que acecha hoy en día a Israel: el estado de ánimo del oponente. El orgullo árabe, tan maltratado en las últimas décadas, puede no estar tan doblegado como la mitología de los medios de comunicación occidentales nos relata cada día.

Es imposible saber si el alto mando israelí esperaba o no una reacción tan numantina por parte de las milicias de Hizbollah, acostumbrado como está a golpear a los animicamente vulnerables palestinos. Quizá Israel haya caído en una encrucijada mucho más temible de lo que podía sospechar. Es cierto que el enemigo no es nuevo pero quizá si que lo sea su estado de ánimo. Puede que el problema más importante en esta guerra para Israel sea que este Hizbollah no sea el mismo de los años 80 y 90, quizá este Hizbollah ha mutado peligrosamente hacia algo que los israelíes no acaban de comprender.

Eso es algo que los tanques y los aviones israelíes pueden combatir, claro, pero la victoria no es segura y la amenaza de que la partida termine en tablas se cierne sobre el pueblo judio. Un pueblo que, pese a toda la dureza con la que la historia lo ha tratado, siempre ha logrado salir adelante gracias a que ha sabido aprovechar hasta el último resquicio de suerte. Ahora, quizá Hizbollah, a diferencia de lo que le ha sucedido a otros enemigos de Israel, también ha aprendido a tener suerte y esa si que es un arma verdaderamente peligrosa.

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