Periodista y fotógrafo

Leopoldo

Tanto se ha escrito sobre Leopoldo... No es de extrañar. Su fantasma, Peter Pan siempre ha sido un fantasma, es más necesario que nunca (otra vez). Un ejemplo: Hace unos años, en esas entrevistas que los de El País le hacen para que no se nos olvide que sigue vivo, decía que en España la única oposición era ETA. Maldito loco, bendito loco.

Leopoldo dejo de ser un niño de papa el día en el que se dejo olvidada su dentadura postiza en la barra de un bar de Paris. Desde entonces, ha tenido que ganarse la vida declamando, esa vida que misteriosamente nunca termina. Uno de los miles secretos de Leopoldo es que es un trabajador infatigable. Hay por ahí muchos chicos dejándose ojeras como Leopoldo en su día, algunos hasta se van de paseo con él un día, sólo uno, y en lo calentito de sus casas suben la tontería al Youtube. Sin embargo, Leopoldo después de dejarse ojeras no acabó en la publicidad ni se murió de sobredosis. Zulueta y él nos siguen recordando lo gilipollas que es esta España con indigestión de sofá, cocaína, y jamón.

Vila-Matas, que casi se muere hace poco por culpa de sus borracheras domésticas, contaba que se encontró paseando por Barcelona a Leopoldo, al que por supuesto conoce. Evidentemente, el literato portátil se asustó con el encuentro, susto que creció cuando Leopoldo se le acercó a pedirle dinero. El catalán dice que no supo si se dio cuenta de quién era él, yo digo que sí.

El otro día, cuando me enteré de la muerte de Marciel Maciel me acordé de Leopoldo, pero esa es otra historia.

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