Periodista y fotógrafo

Suspenso

Una fotografía del Doctor Olvido

Acabo de presentarme a una oposición para trabajar como profesor y la he suspendido. La preparé, pero por lo visto no lo suficiente. Tampoco la suerte, muy presenté en todo el proceso, ha estado conmigo. Evidentemente, tampoco ningún padrino me ha protegido. No sirvió para nada comprar los carísimos libros, plagados de faltas de ortografía, de un miembro del tribunal; tampoco ir armado con toda clase de trastos a la prueba práctica; ni gastar muchos euros en hoteles, comidas de tres al cuarto, y trenes.

Eso sí, sigo informado desde Tasmania. La Agencia sigue confiando en mí. Cada día les quiero más, al fin y al cabo quizá ellos sean los cisnes del lago. Yo otra cosa no seré, pero agradecido sí que soy.

No me siento mal, al menos no demasiado mal. A ratos me enfado, lo cual es lógico supongo, pero espero no volverme demasiado insoportable. Lo que pasa es que el resultado de mi calificación, un 3,5 sobre 10, me parece decepcionante, creo que me merecía al menos un poco más.

Siento que me gustaría vengarme. Que nadie se asuste. Este es un impulso sobre todo literario, aunque cierto. Hace años, cuando estudiaba para cronista, había un tipo que tenía una foto del Papa en su despacho que, por más que yo estudiaba su asignatura, no dejaba de suspenderme. Tuve, como ahora, la tentación de vengarme. Busque su teléfono en la guía para que cada vez que yo trasnochase el pájaro recibiera una llamadita. No hubo suerte, su número no venía en la guía.

Ya puestos decidí que podría vengarme de algún otro profesor. Decidí ponerme a buscar nombres de otros pájaros, pero no venía el de ninguno. - Malditas comadrejas cobardes – Me decía.

En definitiva, este suspenso me garantiza que nadie buscará mi teléfono en la guía para llamarme a las cinco de la mañana.
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Ramón Peco. Con la tecnología de Blogger.
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