Periodista y fotógrafo

La suerte, una actitud

Hace años, trabajando como becario en una editorial, me movía con frecuencia por Madrid en taxis para asistir a ruedas de prensa. En mis mantenía largas charlas con los conductores. En concreto recuerdo una en la que un taxista, cuando dieron los resultados de la lotería primitiva por la radio, comenzó a narrarme con gran desparpajo todo lo que haría con el dinero del premio.

Lo sorprendente de la cosa es que este hombre había realizado cálculos de una exactitud asombrosa. La primera medida, contaba, que hubiese tomado de haber ganado era abandonar el coche en plena calle, circulábamos por una atestada calle de Alcalá, e invitarme a una mariscada. No pude dejar de troncharme ante esta ocurrencia. Sobre todo teniendo en cuenta que eran como las diez de la mañana, una hora más propia de los churros que de los moluscos.

A este taxista no le había tocado, al menos ese día, la lotería pero lo suyo era casi mejor que si le hubiese tocado pues poseía un don de más valor que el propio premio: la actitud para recibirlo. La suerte, esa diosa que tanto invocamos en momentos de dificultad, no vale gran cosa si cuando la encontramos no sabemos abrirle los brazos para recibirla como se merece. Hay gente a la que de tocarle la lotería pueden acabar destrozando su vida y otros, cuando conocen al amor de su vida, sencillamente no están preparados para recibirlo y lo dejan pasar lamentándose de que no encuentran el amor en ninguna parte.

La suerte, la buena y la mala, nos asalta cada día en los sitios más insospechados pero hay que mimarla, darle confianza para que se acerque plenamente a nosotros y nos cubra de gloria, aunque sea por un rato. Para eso hay que hacer como los niños: abrirnos al mundo sin demasiadas suspicacias, embelesarnos ante un truco de magia sin intentar descubrir donde está la clave de la ilusión, dejarnos llevar.
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Ramón Peco. Con la tecnología de Blogger.
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