Periodista y fotógrafo

La realidad o "yo no me llamo José Luís"


Geometría, originally uploaded by desdetasmania.blogspot.com.

Viendo el otra día la última edición de "Tengo una pregunta para usted" en la Primera no pudo dejar de sorprenderme la intervención de Carod-Rovira. Hizo algo que creo que nunca había visto con tanta nitidez en un político: enfrentarse al público. Evidentemente aquel público no era su público, eso le resta merito a todo este asunto, pero no todo el mérito.

Durante el programa un chico y una señora de Valladolid insistían en llamarle José Luís y no Josep Lluís, a lo que él reaccionó con cierta furia diciendo que el no se llamaba así y que no tenían derecho a llamarle de esa manera. El asunto me pareció un interesante puñetazo a la realidad, pues se cuestionaba en un medio masivo algo sumamente esencial. Al margen de las antipatías y simpatías que el personaje pueda causar entre los lectores creo que fue importante mostrar en televisión a un tipo tan desligado de las verdades oficiales de la realidad política española.

La realidad siempre evoluciona desde la irrealidad. Por eso de alguna forma nos fascinan, para bien o para mal, los que operan desde el otro lado del espejo. Nunca he vivido una revolución pero es fácil de imaginar que cuando estas se producen cierta irrealidad debe embriagar a los que las viven.

A veces la mejor salida para una situación compleja es integrar en ella un elemento sumamente extraño. El azar es una buena ventana por la que dar salida al aire viciado de la realidad. Hace unos días me contaba un amigo que Frank Silva, el actor que encarnó al inquietante Bob de Twin Peaks, era en verdad un técnico del rodaje que por error apareció reflejado en el espejo de una secuencia. A David Lynch le gustó la toma y le contrató para encarnar al mal con notable éxito.

Quizá confiamos demasiado en la voluntad como elemento de cambio. A lo mejor todo es tan sencillo, o tan complejo, como que nuestra realidad, tan a menudo impregnada de un lenguaje carente de ilusión, lo que necesita es un golpe de buena suerte. Sin embargo, para la buena suerte también tenemos que estar preparados, tenemos que aprender a mirar a los espejos, a dejarnos llevar por la suave brisa del azar. Quizá asi logremos la proeza de caminar sobre los tejados de Londres de una vez por todas.

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