Black notebook

Ramón Peco

Un hombre, dos agentes

Ramón Peco
Foto: El Hombre de Tasmania

No hablaré ni del antes, ni del durante, ni del después. Siempre ha sido, siempre es, siempre será, cierta la ecuación un hombre=dos agentes. Cuando uno piensa saberlo todo sobre algo en verdad sólo sabe la mitad, sólo los dos agentes conocen todo. Los dos agentes son hermanos mellizos, gemelos, incluso siameses pero sus mentes son compartimentos estancos en la conciencia, aunque transparentes en los sueños; es entonces cuando el hombre es un sólo agente.

El lobo tira al monte

Ramón Peco
Foto: El Hombre de Tasmania

El mundo está falsamente resignado, repleto de agentes dobles, repleto de lobos a los que se les confunde con perros domesticados pero que, en la soledad, no cesan de mirar a la oscuridad del monte.

Puede que no llegue nunca o puede que sea mañana el día en el que los roles se reviertan y la dinamita se seque y explote. Puede que sea mañana, y puede que no, el día en el que una manada de lobos se lance contra los montes.

Maleta a punto de engullir el Universo

Ramón Peco

Un sueño

Ramón Peco
Foto: Deux Ex Machina

Toda fotografía es un sueño y todo sueño, y esto incluye a las pesadillas, suele ser más cierto que la propia realidad referenciada en el sueño, al menos cuando la existencia de uno depende de las teorías secretas de un grupo de neurólogos soviéticos.

Hoy, una máquina disparó esta fotografía. Una máquina en piloto automático disparó hacia la realidad y nos contó que su sueño objetivo, los sueños de las máquinas lo son, era este. En ella aparece vuestro hombre en Tasmania y, si hacemos caso a la imagen del Dios Máquina, mi grado de existencia no está en su mejor momento.

Quizá debería volver a las calles y allí perder todo sueño de un hogar para que el mundo entero sea un hogar. Quizá, y sólo quizá, debería perder el miedo a los solares oscuros en la noche, a los planes Z y debería volver a mandar postales en vez de recibirlas. Quizá debería salir en fotos en vez de hacer tantas.

Maldita sea.